Los otros 43

43

*Cartel de Irwin Homero Carreño. 

En 1876, Charles Renouvier filósofo francés escribió su obra Ucronía: Esbozo histórico apócrifo del desarrollo de la civilización europea tal como no ha sido, tal como habría podido ser. Su libro creó una nueva forma de entender y ver la historia, el de la historia contrafactual, el de la utopía, el “y si no hubiera sido esto”, el “y si hubiera sido lo otro”.

La historia contrafactual se utiliza como un método de análisis histórico o cómo el de creación literaria. De igual modo opera bajo dos situaciones: el primero, encontrar un punto de desajuste o diferente respecto a lo que en realidad ocurrió (ej: si el héroe muere o no muere), y la segunda, reescribir la historia a través de lo que cambiamos en la divergencia (ej: si el héroe murió en la realidad ahora escribir la historia bajo el supuesto de que no hubiera muerto).

Lo contrafactual sirve para hacernos preguntas como: ¿Qué habría pasado si el EZLN hubiera tomado la capital del estado de Chiapas? ¿Qué habría pasado si Colosio se tropieza un segundo antes de recibir el primer disparo en la cabeza? ¿Qué hubiera pasado si los aztecas hubieran derrocado a los españoles? ¿Qué hubiera pasado si Huerta no manda asesinar a Madero? ¿Qué hubiera pasado si Hugo Sánchez no falla el penal contra Paraguay en el 86? O incluso si el propio “Pentapichichi” entra de cambio para los penales del mundial de Estados Unidos 94 ¿Qué hubiera pasado?

Hace algunas semanas bajo el clima de la contingencia ambiental fui obligado a dejar de circular y con ello buscar alternativas para poder llegar al trabajo. Para mi suerte y como alguno de los privilegios de trabajar en una universidad, una de las prestaciones es poder utilizar los camiones de transporte de los alumnos, es decir el problema estaba resuelto.

Ya dentro del camión y en alguna de las paradas establecidas que realiza para recoger a los estudiantes me traicionó la cabeza y el miedo de pensar que mientras uno de los estudiantes subiera algún grupo de delincuentes intentara acceder al autobús a asaltarnos, y en el peor de los casos intentaran secuestrarnos. Pensé en los 43 de Ayotzinapa.

En septiembre de 2014, 43 estudiantes de la normal Isidro Burgos de Ayotzinapa fueron secuestrados, asesinados, quemados con diésel, gasolina, neumáticos y plásticos, después arrojados al río San Juan, ahí mismo en Iguala, Guerreo. Se le llamó la verdad “histórica”, la historia del gobierno.

Mientras iba rumbo al trabajo no podía no pensar en que habría pasado si los estudiantes hubieran sido de la UNAM, una institución con un presupuesto para este año 2016 de más de 11 mil millones de pesos y con más de 342 mil estudiantes hasta el último año. ¿Cómo habrían sido las protestas y la indignación social por la muerte de 43 estudiantes de la máxima casa de estudios?

Pensaba por ejemplo en si los más de 342 mil alumnos que conforman la comunidad estudiantil de la UNAM habrían querido continuar sus clases mientras 43 de sus compañeros se encontraban desaparecidos a manos de policías de la Ciudad de México, del Estado.

Pensaba en las Facultades de Estudios Superiores de la Universidad Nacional en Ciudad Universitaria (Sur), en Aragón (Poniente) o las de Acatlán y Cuautitlán Izcalli (Norte), el coraje y la desesperación de padres, de familiares, amigos y en general de la sociedad. Pensaba en la posibilidad de que contrario a hacer marchas en Reforma, cerraran las carreteras, “no sale nadie de la capital hasta que aparezcan los estudiantes, hasta que sepamos con certeza de ellos” me imagino dirían.

Pensaba por ejemplo en la presión internacional de que estudiantes de una de las mejores 10 universidades de América Latina, base de la investigación y el desarrollo científico de México, de la institución formadora de los tres premios nobel mexicanos, se encontraran desaparecidos, no se supiera de ellos y la verdad “histórica” estuviera lejos de ser verdad.

Pensaba también en la posibilidad de que los 43 estudiantes fueran de una universidad privada, de una de las más prestigiosas del país, de una de esas donde los coches de los alumnos no se miden en miles, sino en cientos de miles de pesos o incluso en millones de pesos, que entre los desaparecidos existiera algún apellido de un hijo de presidente o dueño de una empresa de esas que cotizan en la Bolsa de Valores, sólo pensaba en la posibilidad, cualquiera diría con lógica que ellos no viajan en autobús escolar, ellos viajan en camionetas blindadas y con guaruras, sólo pensaba en la posibilidad.

Han pasado más de 18 meses de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, la verdad está lejos de saberse, ¿la verdad de quién?, simplemente la verdad. Esa que es capaz de dar, si es que existe, paz a sus padres.

La historia contrafactual es un ejercicio de análisis histórico que nos permite revisar aquello que fue y que quisieramos que fuera diferente o que por lo menos imaginamos diferente. Un ejercicio que nos recuerda que en esta vida no todos los humanos valemos lo mismo, que algunos nos convertimos en cifras y otros valemos en cifras.

 

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